Entrevista | Artemio Narro

Entrevista Artemio Narro

Somos bestias y andamos en manadas.

Una conversación con Artemio Narro.
Por Pablo Rendón.

Luego de que el Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM), en su quinta edición, otorgara el premio LCI Seguros al artista visual mexicano Artemio Narro por su película Me quedo contigo, conversamos con él sobre su obsesión con la violencia y el poder, además de su reciente incursión en el mundo del cine.

Pablo Rendón: Como seguidores de tu obra sabemos que Proyecto Juárez fue lo que, de alguna manera, desencadenó Me quedo contigo, ¿cómo ocurre esta transición?

Artemio Narro: Bueno, Proyecto Juárez ocurre en 2006. Ahí nada más existía la idea, lo que hablaba con Antonio de la Rosa, pero nunca nada concreto. Sí, en Proyecto Juárez surgió la idea de hacer una película con ese tema, pero no fue hasta 2011 que decidí que quería hacer una película y retomé la idea.
Después de Proyecto Juárez para mí pasaron muchas otras cosas en la vida, entre ellas hartarme del mundo del arte, sobre todo en relación a su mercado. En este hartazgo me encontré con un amigo, Renato Ornelas, quien me mostró una película que realizó con tan solo dos actrices y una cámara, en Ixtapa (Golondrinas 33). Ahí surgió este gusanito de hacer una película con lo que tienes a la mano.
Yo siempre pensé que el “gran arte” de hacer una película es una labor titánica; y sí, lo era cuando filmabas en 35mm. Entonces, Renato me hablaba de la llegada de lo digital y dije, “a lo mejor me animo y lo hago”. En realidad fue eso lo que detonó en la película, el hartazgo del mercado del arte y las ferias, más que Proyecto Juárez, aunque, claro, ahí surgieron las primeras ideas.

Artemio Narro

Fotografía de Mariana Ceja

 

PR: A propósito de la importancia de Antonio de la Rosa en lo que terminó siendo Me quedo contigo, ¿alguna vez se planteó como un proyecto a cuatro manos?

AN: Mira, Antonio de la Rosa es uno de mis mejores amigos y es un gran artista pero nunca nos hemos planteado colaborar, a pesar de que la idea haya surgido juntos. Yo pensaba en una historia con cuatro chicas que matan mujeres feas, pero era la idea más misógina que te puedas imaginar; cualquier ONG de mujeres de Juárez me hubiera quemado la casa. Antonio me hablaba más de la venganza femenina.
Antonio fue muy importante porque, cuando yo estaba escribiendo el guión, le escribía también a él. Entonces, me decía cosas muy puntuales e interesantes que me metían a más reflexión; así fue su participación. Lo cierto es que nunca nos planteamos hacer la película juntos. Antonio estuvo todo el rodaje, e incluso al principio se encargó del vestuario y el arte.
En el momento del secuestro, las escenas en el sótano, mi situación con Antonio cambió; él era como mi “Pepe Grillo”. Lo consultaba para filmar algunas cosas y él me sugería escenas más perversas o más enfermas todavía. Finalmente sí es mi película, pero Antonio es un pilar de la misma.

PR: En el Q&A, luego de la función, te preguntaban mucho por tus referencias. Tú dijiste que Me quedo contigo es algo como “Clueless meets Funny Games”; el público mencionaba a Almodóvar y a Tarantino.

AN: A mí, el hecho de la reacción femenina a la acción masculina me parece sumamente machista; por eso me gustaba la idea de hacer una película donde ellas no están traumadas, no las violaron y no son pobres. Son chavas fuertes que hacen lo que se les pega la gana y, en ese sentido, sí se parecen a mis amigas; son chicas independientes, jóvenes, guapas y que ganan lana. Bueno, tampoco es que mis amigas estén matando (risas).
Es interesante ver cómo las referencias se van construyendo, ¿no? Por ejemplo, hay una película que se llama Heathers, con Winona Ryder y Christian Slater, que para mí es una mayor influencia que Átame, de Almodóvar. Sin embargo, al final no le veo tanta conexión con Heathers y sí con Audition, de Takashi Miike. Entonces, creo que las referencias son algo de lo que no se puede librar uno, siendo lo más sensato reconocerlas.

PR: Mencionabas que el cine es una industria machista, ¿crees que también lo es el arte?

AN: Es que yo creo que el mundo en el que vivimos es un mundo masculino, lo cual es muy triste en términos generales. Todavía, a seis mil años de historia que tiene la humanidad, seguimos teniendo problemas de género y de preferencia sexual, lo cual es patético; el calificar algo de “gay” o “no-gay”, por ejemplo. Es patético que exista el rollo del género, pero existe.

PR: Y en el caso concreto de Me quedo contigo, ¿qué pasaría si invertimos el género de los personajes? ¿Crees que dejaría de ser un asunto humorístico, o que quizás la reacción del público sería distinta?

AN: No me estoy quitando la responsabilidad de nada, pero para mí eran mucho más importantes las estructuras de poder y la impunidad que los roles de género. Pero creo que, al intercambiar los roles, estamos rompiendo las estructuras de poder. Si te fijas en la película, ellas mismas se están cuestionando las estructuras de poder; el rol que juega Valeria en la manada y cómo se ve amenazada por la llegada de Natalia, y cómo la primera le empieza a dar cabida a la segunda luego de que ésta le da un botellazo al vaquero, y cómo cuando ve que la española ya es una salvaje que lo ultrajó se hace más pequeña y comienzan a hablarse como iguales. Entonces, para mí es más el poder que el género.

Entrevista a Artemio Narro

PR: Además hay cierto guiño a la animalidad, está la escena de la alberca en la que escuchamos el sonido de los leones.

AN: Creo que como humanos nos queremos diferenciar de los animales, pero somos bestias y andamos en manadas. Me gustaba la idea de la manada de las chicas, pensé en esa parte desde que escribí la película; en el guion aparece como si fuera un documental de National Geographic, como las leonas al sol que todavía no van de cacería. Ahí hay un guiño de que algo viene, no sabemos que van salir de cacería y ellas tampoco lo saben, es algo que pasa porque se da.

PR: A propósito de la cuestión del poder, ¿crees que Me quedo contigo entabla un diálogo con el conjunto de tu obra? Pienso en los mandalas de Aya krops 47, o el propio Proyecto Juárez.

AN: Es que a mí me obsesiona la violencia porque es lo que menos entiendo; me obsesionan, el poder y los medios de comunicación. Yo no creo haber cambiado, no pasé de ser artista plástico a ser cineasta; yo soy un “hacedor de cosas”, y lo que hice fue una nueva obra en formato de cine. Estamos viendo un soporte distinto, creo que todo está conectado.

PR: Es un tanto extraño abordar a la violencia desde el humor, estamos acostumbrados a abordarlo desde la solemnidad de, por ejemplo, Amat Escalante en la escena cinematográfica o de Teresa Margolles en la escena de la plástica.

AN: Bueno, yo no vi Heli hasta que ya había terminado de filmar mi película; Teresa, por otro lado, es una colega contemporánea. Creo que cada quien habla de los temas como puede, a mí me parece que Amat habla de una manera muy dura y descorazonada, igual que Teresa Margolles. A mí me gustan las obras de ambos, las aprecio y las valoro, pero yo me conecto más con el tema del humor.
No sé si es solemne lo que hacen, me parece que es la manera que ellos encuentran de decir las cosas. Creo que la solemnidad viene del crítico o del espectador, y no del creador. Por ejemplo, yo pensaba que la pieza de Proyecto Juárez iba a ser más humorística de lo que es, y cuando la veo me doy cuenta de que es un chiste muy fallido, sin embargo es una pieza con mayor poder que otras de mis obras.

PR: Finalmente, ¿qué opinión tienes de un espacio exhibitivo como FICUNAM, en el que se da cabida a otros tipos de cine?

AN: Yo creo que el FICUNAM es, en sí mismo, una declaración de principios. Es un festival valiente, arriesgado y que no a todos les gusta. Creo que es interesante que exista un festival que decida correr el riesgo de presentar otro tipo de obras y cuestionamientos, me parece que es necesario; a mí me gusta y me lo paso bien. He visto cosas horribles y cosas increíbles, pero no es un festival que me pase desapercibido y eso me parece interesante.

Artemio Narro

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